Un panorama general de los hallazgos de investigación actuales: Estudios científicos sobre el Kundalini yoga y despertar la Kundalini.
Que el yoga generalmente tiene efectos positivos en la salud física y mental de muchas personas es un hecho científicamente comprobado por numerosos estudios.
Si bien estos estudios inicialmente presentaban deficiencias metodológicas o se realizaron con muestras demasiado pequeñas (o incluso con estudios de caso único), actualmente existen cada vez más estudios que cumplen con los estándares científicos: muestras más grandes y enfoques metodológicos más sofisticados (como ensayos clínicos con grupos de control) permiten una mayor validez y generalización de los resultados.
La siguiente sección ilustrará la conexión entre el yoga kundalini y la salud física y mental utilizando hallazgos de investigación seleccionados.
Las investigaciones demuestran que la práctica del Kundalini yoga ya no puede considerarse únicamente una medida preventiva, sino que cada vez se utiliza más con fines terapéuticos para tratar enfermedades físicas y mentales específicas. Esto confiere al yoga una mayor relevancia dentro del ámbito de los tratamientos alternativos en nuestro sistema sanitario.
Además de algunos estudios que demuestran los efectos generales del yoga, la siguiente sección destaca específicamente los estudios que examinan el Kundalini Yoga y sus efectos en la salud física y mental. En este resumen, el término «yoga» abarca tanto los ejercicios físicos (de yoga) como los ejercicios de respiración, meditación y técnicas de relajación, todos ellos componentes esenciales de la enseñanza del Kundalini Yoga.
Artículos de revisión recientes (véase, por ejemplo, Astin et al. 2003; Field 2011; Ross et al. 2010) demuestran que los efectos positivos del yoga, tanto físicos como mentales, están respaldados científicamente por numerosos estudios. Las afecciones que el yoga puede influir positivamente abarcan desde dolencias cotidianas como el dolor de espalda hasta enfermedades graves como el cáncer.
El yoga puede ser particularmente eficaz en el tratamiento de enfermedades crónicas donde los tratamientos médicos convencionales a veces resultan ineficaces (véase, por ejemplo, Yang 2007). En los estudios citados del campo de la salud mental, cabe destacar que el enfoque no se centra únicamente en la técnica del yoga (en el sentido de posturas de yoga), sino también, y especialmente, en los efectos de la meditación (con técnicas de respiración específicas, el uso de mantras o en silencio), que tiene una influencia positiva en el bienestar mental.
Los efectos del yoga pueden explicarse generalmente de la siguiente manera: El yoga, en general, produce una reacción psicofisiológica en el cuerpo que puede describirse como opuesta a la reacción del cuerpo al estrés (Khalsa 2004a): Esta llamada "respuesta de relajación" del cuerpo consiste en una reducción general de la activación cognitiva y física, que se observa en la alteración de la actividad de la glándula pituitaria y el sistema nervioso autónomo asociado (Benson 1975).
Fisiológicamente hablando, la meditación yóguica, por ejemplo, representa una profunda relajación del sistema nervioso autónomo —sin llegar a la somnolencia ni al sueño— y una actividad cerebral que indica que el cerebro se vuelve menos sensible a los estímulos externos.
Según Khalsa (2004a), tanto la práctica a corto plazo como a largo plazo de las técnicas de yoga conducen a:
Reducción en la secreción de cortisol básico y catecolaminas.
Reducción de la actividad del sistema nervioso simpático
Aumento de la actividad del sistema nervioso parasimpático
captación de oxígeno
efectos saludables en las actividades cognitivas y neurofisiológicas del cerebro.
El estrés y el agotamiento son términos muy comunes en nuestra sociedad actual y están estrechamente relacionados con numerosas enfermedades (Comisión Europea, 2000), tanto mentales como físicas. El estrés puede debilitar el sistema inmunitario, lo que puede derivar en enfermedades cardiovasculares e incluso cáncer (por ejemplo, Roth/Robbins, 2004).
Como se desprende del resumen anterior de Khalsa (2004a), el yoga es una técnica para prevenir activamente el estrés, pero también para contrarrestar el estrés existente. Por ejemplo, la respiración yóguica (llamada pranayama) es un método único para equilibrar el sistema nervioso autónomo e influir positivamente en los trastornos psicológicos asociados al estrés (véase Brown/Gerbarg 2005).
Además, la práctica del yoga ayuda a combatir el estrés tóxico y, por lo tanto, a contrarrestar el daño celular. Además de los ejercicios de respiración, las investigaciones actuales indican que las meditaciones con mantras y los ejercicios de relajación tienen un efecto positivo para afrontar y mitigar las consecuencias del estrés (véase Dusek et al., 2008).
Un estudio realizado en Suecia utilizó específicamente el Kundalini Yoga como estrategia clave contra el estrés con resultados positivos: tanto los factores psicológicos (como el comportamiento bajo estrés, la ira, el agotamiento y la calidad de vida) como los factores físicos (como la presión arterial, la frecuencia cardíaca, las catecolaminas y el cortisol) mostraron mejoras significativas después de los ejercicios de Kundalini Yoga (véase Granath et al., 2006).
Además de estos efectos relacionados con el estrés, estudios recientes demuestran que el yoga tiene un impacto positivo en diversas áreas puramente fisiológicas. A continuación, se describe estas áreas y cómo el yoga influye en ellas.
Esfuerzos
El yoga ayuda a aliviar el dolor de espalda, especialmente el dolor lumbar, y por lo tanto es un remedio eficaz contra una de las dolencias más comunes en la actualidad (véase, por ejemplo, Saper et al. 2009, Posadziki/Ernst 2011).
Los dolores de cabeza también pueden tratarse con éxito mediante el yoga, como han demostrado estudios científicos (véase, por ejemplo, John et al. 2007). El yoga parece ser particularmente eficaz para aliviar el dolor crónico en comparación con otros métodos alternativos (véase, por ejemplo, Wrenn et al. 2011).
Enfermedades cardiovasculares
Estudios científicos demuestran que la práctica regular de yoga reduce los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares y mejora la progresión de la enfermedad (véase, por ejemplo, Innes et al. 2005). El yoga tiene un efecto particularmente positivo en la reducción de la presión arterial en casos de hipertensión (véase, por ejemplo, Cohen 2007; Murugesan 2000).
Enfermedades autoinmunes
Las enfermedades autoinmunes, como la diabetes, son prácticamente inevitables en la sociedad actual y su incidencia va en aumento. El yoga contribuye a la disminución de los niveles de glucosa en sangre y de la hemoglobina glicosilada. Además, el yoga tiene el potencial de reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en la edad adulta (véase, por ejemplo, Innes/Vincent 2006).
Cáncer
El cáncer es otra enfermedad muy extendida. Diversos estudios han demostrado que el yoga puede mejorar la calidad del sueño, reducir el estrés y, en general, aliviar los síntomas del cáncer en pacientes oncológicos (véase Bower et al., 2005).
En particular, estudios realizados con mujeres afectadas por cáncer de mama han demostrado que el yoga es especialmente beneficioso a nivel psicológico, influyendo positivamente en el estado de ánimo y reduciendo la ansiedad (p. ej., Smith/Pukall, 2009; Rao et al., 2008).
Enfermedades orgánicas
En particular, con respecto al Kundalini Yoga, existen otros estudios destacables que abordan enfermedades orgánicas y demuestran los efectos fisiológicos positivos del Kundalini Yoga: por ejemplo, Katiyar y Bihari (2006) muestran que la respiración yóguica (Pranayama) favorece la recuperación de pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica de moderada a grave. El hígado también se beneficia del yoga.
La caminata consciente (Breathwalk), un tipo específico de caminata que combina ejercicios de respiración y coordinación del Kundalini Yoga, tiene una influencia positiva en pacientes con hepatitis: entre otras cosas, afecta positivamente los niveles de lípidos y enzimas en el hígado (Vázquez-Vandyck et al. 2007).
Cerebro
La meditación tiene un efecto positivo en el cerebro. Por ejemplo, Kirtan Kriya (una meditación de Kundalini Yoga que implica la aplicación de presión en puntos meridianos específicos de las yemas de los dedos) altera los patrones de ondas cerebrales y estimula las sinapsis para formar nuevas conexiones.
La meditación tiene un impacto positivo en dos regiones cerebrales significativamente implicadas en la enfermedad de Alzheimer: la memoria y el control del habla (Khalsa et al., 2009).
Según otro estudio, ejercicios específicos de Kundalini Yoga han mejorado la afasia (trastornos del lenguaje) y la coordinación motora fina en pacientes con accidente cerebrovascular (véase Lynton/Kligler/Shiflett, 2007).
Además, los investigadores demostraron que la meditación también afecta a la amígdala fuera del estado meditativo, es decir, en la vida cotidiana del meditador: la actividad en la amígdala derecha se redujo en comparación con el grupo de control. Esto significa que la meditación puede mejorar la estabilidad emocional básica y la reacción del cuerpo al estrés.
La siguiente sección describirá los efectos del yoga en las enfermedades mentales según los estudios actuales:
Sat Bir S. Khalsa, neurocientífico y médico, investiga en el Departamento de Medicina del Sueño de la Universidad de Harvard. Su estudio se centra en los efectos del Kundalini Yoga sobre los trastornos crónicos del sueño y concluye que la terapia de Kundalini Yoga mejora significativamente la mayoría de los indicadores clave del sueño.
Estos indicadores incluyen: reducción del tiempo de vigilia, aumento del tiempo de sueño, mejora de la eficiencia del sueño y mejora de la calidad del sueño (Khalsa 2004b).
Trastornos de ansiedad y depresión
El yoga puede influir de forma eficaz y positiva en los trastornos de ansiedad. Kirkwood et al. (2005) demuestran que el yoga puede tratar con éxito trastornos de ansiedad, fobias, ansiedad ante los exámenes y trastorno obsesivo-compulsivo. El yoga también puede aliviar la depresión. En particular, los ejercicios de respiración del yoga mejoran el estado de ánimo en personas con depresión (véase, por ejemplo, Pilkington et al. 2005).
La meditación, en concreto, puede aliviar la depresión leve a grave (véase, por ejemplo, Uebelacker et al. 2010). Ejercicios específicos del yoga Kundalini pueden ayudar a aliviar los trastornos de ansiedad y la depresión (véase Shannahoff-Khalsa 2006: 47 y ss.).
Shannahoff-Khalsa (et al. 1999, 2003, 2004, 2010) lleva muchos años investigando trastornos psiquiátricos específicos en la Universidad de California, San Diego, y estudia cómo el Kundalini Yoga puede influir en las neurosis. Su enfoque no se centra en ejercicios físicos (asanas), sino en técnicas de meditación (con mantra, mudra y ejercicios de respiración) para el tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), así como de fobias, adicciones, trastornos del sueño y dislexia.
En un estudio controlado sobre el TOC, las meditaciones de Kundalini Yoga produjeron mejoras estadísticamente significativas en la gravedad de las compulsiones, el estado emocional, el estrés percibido y el sentido de la vida (Shanahoff-Khalsa 2003).
Como descubrieron Khalsa et al. (2008) en su estudio piloto con un grupo de personas adictas/dependientes en la India, como parte de un programa de prevención de adicciones, diversas técnicas de Kundalini Yoga influyen positivamente en varios factores psicológicos relacionados con la adicción.
Este tema también lo explora Shanahoff-Khalsa (2006: 143 y ss.), quien describe y evalúa técnicas específicas de Kundalini Yoga eficaces para tratar problemas de adicción y dependencia.
En general, parece que el Kundalini Yoga proporciona técnicas integrales con un impacto positivo tanto en la salud física como mental. Si bien se necesita más investigación en muchas áreas, los resultados presentados demuestran que el Kundalini Yoga ofrece una forma de tratar ciertas afecciones mediante terapias alternativas.
Presión arterial alta (hipertensión)
Los efectos del yoga sobre la hipertensión arterial se deben principalmente a las técnicas de respiración y meditación, más que a las posturas de yoga. En consonancia con estudios previos, solo el yoga sin posturas indujo una reducción a corto plazo de la presión arterial sistólica ambulatoria.
Dado que el yoga resultó seguro y eficaz en pacientes con hipertensión sometidos a tratamiento farmacológico, puede recomendarse como una opción de tratamiento adicional para las personas afectadas.